Escribir tal vez no sea más que

Tender pensamientos al sol

Para que ventilen el encierro

De una sola conciencia.


Escribir tal vez no sea más que 

Sujetar frágilmente el ser de las cosas

Cualquier descuido lo vuela. 


1º Premio UCV Escuela de Lengua y Literatura 1996

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TRES ENSAYOS SOBRE CUENTOS CHILENOS

1. Acerca de "Surazo" de Marta Jara

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2. Acerca de "Piedra Callada" de Marta Brunet

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3. Acerca de "Doña Santitos" de Marta Brunet

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LITERATURA INGLESA

OTRA VUELTA DE TUERCA

Un lector poseído,

un autor alienado

y el arte de relatar

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TRAYECTORIA

Mi trayectoria artística se desarrolla en el campo de la lírica y de la narrativa. En cuanto a la poética de los textos líricos, diría que su yo lírico se gesta como un modo de sanar y expresar momentos de gran intensidad emocional, los cuales se corresponden con situaciones cotidianas de la existencia de cualquier ser humano, tales como la presencia de seres queridos, la experiencia de vivir asombrado, la fuerza y belleza de la naturaleza, la inspiración poética, el paso del tiempo, la infancia, los sueños. Tópicos desarrollados mediante las herramientas que más representan al yo lírico que utilizo: la ironía, el humor, la carga significativa de imágenes visuales, el encabalgamiento, la elipsis y, cierto ritmo o musicalidad acorde al tono del hablante.

Con respecto a la narrativa, su estética gira en torno a tres ejes. El primero, deriva de la educación que recibí de mis padres y que denomino ‘transcripción de una oralidad a formato escrito’. El segundo, proviene de mis estudios y trabajos posteriores: ‘práctica de la intertextualidad literaria des-encubierta’. Y, el tercero, ‘el auto retrato literario desde el auto retrato pictórico’. Para explicar estos tres campos de interés estético y mi producción artística referiré en breve el paso y cruce de uno a otro.

Mi relación con la cultura nace en mi familia. Mi madre se esmeraba por inculcar a sus seis hijos el amor y devoción por el arte que ella misma sentía. Es así como nos llevó con frecuencia a espectáculos de ballet, conciertos, museos. Imágenes como las de los cuadros de la exposición venida a Chile, ‘De Cezanne a Miró’ acompañaron mi infancia, y despertaron en ‘mi niña’ la inquietud por expresarse de manera artística.

Mi padre, por otra parte, fue un amante de los libros, no sólo para leerlos sino también para atesorarlos, siendo además un entusiasta de nuevas ideas, creencias y enfoques de la realidad. Lector desordenado de filosofía, ciencia y poesía. Solía leernos poemas, o lo que tuviera a mano, en voz alta. El sonido de los versos, su musicalidad y el peso de sus variados significados, motivaron mi inquietud por las letras. Esta educación en el arte y la cultura que mis padres nos infundían -incluso en otros idiomas- se materializaba comentando con frecuencia la vida de los artistas, defendiendo a los cultores del arte que pertenecían a la familia, analizando películas, nuevas miradas sociológicas y filosóficas. Se hablaba de Marcuse y Aldous Huxley, de Jean Paul Sartre y de Simone Beauvoir, de Albert Camus, de Passolini, Pasternak y Bergman. Había que estar abierto a otras realidades, a los artistas europeos y americanos.

Siendo aún una niña busqué imitar este gesto educativo en la cultura, e intenté transmitir este entusiasmo a los niños de la escuela pública de Villaseca, el callejón rural donde vivíamos en Buin. Como púber y adolescente, porté libros conmigo, escribí poemas y ‘ensayos filosóficos’, leí literatura del boom latinoamericano y me relacioné con personas que ‘escucharan y comentaran’ los temas filosóficos y sociológicos que me apasionaban: cuál era el sentido último de la vida; cómo transcribir las emociones; eran traducibles, traspasables a la escritura, al color a la nota musical; qué papel jugaba el arte en la sociedad, había que realizar arte comprometido o había que dedicarse al ‘arte por el arte’; era el arte lo ‘inútil’, era una artesanía, era sólo talento o también

transpiración; las expresiones artísticas de la humanidad podían ser gestoras de cambios en los seres individuales; sería posible que existiera felicidad, belleza sin igualdad; cuál, en definitiva, era la belleza, lo bello.

Dónde encontrarlo, con quienes identificarse, con artistas nacionales o también con extranjeros…

Ingresé a la carrera de filosofía en la UCV, carrera que luego de dos años dejé para cuidar a mi primer hijo e iniciarme en actividades comerciales, las que fui matizando con cursos de filosofía y talleres de poesía hasta publicar con Ediciones Altazor, un primer libro, la recopilación de poemas de mi hermano Pedro, recién fallecido. Este hecho sumado a mi deseo de transmitir en palabras, de verbalizar con cierto grado de esmero lo que la realidad presentaba ante mis ojos, las experiencias de cambio y muchas veces traumáticas que fueron llenando mi vida, me llevaron a publicar el poemario ‘Aire de Palabras’ con ‘Acuario de Papel’ ediciones. Los poemas de este primer libro participaron en mis primeras lecturas poéticas en público.

Luego vino ‘Gato Encerrado’ un poemario referido a ‘la pareja’; ‘Despoblada de mi’, largo poema que habla de ‘la mujer’ de los años noventa en Chile. ‘Porfía’ textos que siguen la poética iniciada por Ana María Fagundo, escritora española que entiende el poema y la escritura desde la fusión madre/tierra, amante/amada. ‘Hubo un tiempo’ poemas que abordan la temática del tiempo, desarrollando la idea de su presencia en la memoria.

 ‘De un tiro al aire’, noventa poemas cortos cuyo hablante lírico, una niña, entrega su mirada de la infancia en Chile en una familia acomodada y completamente capturada por el torbellino ideológico y de creencia nuevas que afloraba en los años sesenta en nuestro país.

Ya con mis tres hijos encausados en sus estudios regresé a la UCV a estudiar Literatura Inglesa, carrera de la que soy licenciada, habiendo realizado una pasantía en literatura y comunicaciones en USA.

De regreso a Chile, dirijo un taller de literatura inglesa para profesionales, desarrollo una vocación aún larvada por la escritura de ensayos, cuyo resultado retoma uno de los ejes de mis preocupaciones estéticas, a saber, la intertextualidad literaria, lo cual se plasma en ‘El goce de las olas: lecturas en torno a la novela Las Olas de Virginia Woolf’. Obra escrita en conjunto con Andrés Ferrada –profesor y doctor en literatura hispanoamericana Universidad de Chile- y publicado por la editorial Cuarto Propio.


También incursiono en el cuento con el relato ‘Un Error’ que es seleccionado para formar parte de ‘Antología de la SECH’, en el marco del concurso Teresa Hamel. A ‘Un Error’ le siguieron tres antologías de cuentos que recogen la primera de mis preocupaciones estéticas en narrativa: la transcripción escrita de una oralidad.

‘La Motoniveladora’ –escogido para participar en el Plan Nacional de Lectura del Consejo de la Cultura: Diálogos en Movimiento- y, ‘Ajuste de Cuentos’, antología que obtuvo el Fondart 2016. Ambos, recopilaciones de relatos verbales de personajes de callejones rurales del Marga Marga, donde resido.

‘Ecocuentos’, una selección de cuentos infantiles que trabajo con los alumnos de la escuela ‘El Patagual’, dentro del proyecto cultural que realizo actualmente: ‘Lo inadvertido en el paisaje’. Esta actividad pone en valor y hace visible para la comunidad ocho casas de adobe deshabitadas en Quebrada Escobares.

El ‘objeto inadvertido’ -un foco de inspiración artística, iluminando el desarrollo de distintas expresiones- ha traído como consecuencia un cautivante trabajo con diferentes estamentos de la comunidad, mediante  entrevistas a residentes y traspaso de relatos verbales a formato escrito.

Realizo en conjunto con una artista visual el inventario o registro de la transformación de aquella inadvertencia inicial en conocimiento, en hacerse cargo del deterioro y a la vez, de la belleza que subyace a la presencia degradada de la materialidad natural del lugar. Aspiramos publicar este trabajo en un cuaderno o catálogo. Hoy día trabajo también intencionadamente la intertextualidad. Recreo abierta y desenmascaradamente la dependencia y la influencia de otros autores y sus obras. A partir del intercambio con un sustrato literario ajeno, remodelo recursos literarios diversos. Apuesto por una mutación, un giro interpretativo de una realidad extraña, insertándolo en un relato nuevo. Este trabajo se está traduciendo en una selección de cuentos nacidos a partir de escritores nacionales y extranjeros. Abordo sus biografías y sus técnicas literarias. Este proyecto lo he denominado ‘Cuentos Robados’, título sustraído a Oscar Hahn. ‘Trampantojo’ es una novela corta donde he plasmado en una mayor extensión, mi interés por reproducir verbalmente el eco de otro autor. El término “trampantojo” es la traducción de trompe l’oeil, engaño al ojo, juego de perspectiva y otros efectos ópticos que se habrían originado como una técnica pictórica. El filósofo estético Victor L. Stoichita en su libro “La instauración del cuadro”, distingue cuatro modos que habrían sido utilizados por los pintores para auto-retratarse. Después de leer a Stoichita siento que se me regala una estructura nueva en la cual yo puedo materializar mi intención de recoger la presencia de otro autor en mi obra.

¿Por qué no aplicar a un texto narrativo los cuatro modelos formales que distingue el autor italiano en la pintura?


Como he trabajado desde el ensayo, en la caracterización femenina presente en los nueve momentos de la novela Las Olas de Virginia Woolf, este ejercicio hace posible que utilice a algunos de los personajes de la autora inglesa, de manera que en mis primeros esbozos del Trampantojo tomo las tres heroínas de Woolf: Susan, Rhoda y Jinny y a partir de ellas creo tres personajes femeninos para que actúen en mi ficción. Quienes hayan leído la novela inglesa podrán identificar fácilmente matices y similitudes, entrando de lleno en el campo de la literatura comparada.

Este mismo ejercicio me llevó al tercer eje de mi interés estético en narrativa, transcribir el auto-retrato pictórico en auto retrato literario, dentro de una ficción y en base a un autor chileno. Para ello he elegido a Adolfo Couve, quien siendo pintor y escritor reúne en su obra las dos vertientes creativas. A partir de sus cuadros y escritos estoy escribiendo una ficción estructurada como novela.

Referencias

Inspiradoras

Adeline Virginia Stephen nació en Londres en 1882. Su padre era de Londres [escritor] y su Madre de la India. Virginia tuvo tres 2 hermanos, una hermana, 2 medioshermanos y 2 medias hermanas. Una de estas media-hermana fue declarada mentalmente incapaz y vivió con la familia hasta que fue ingresada en un psiquiátrico en 1891. La joven Virginia fue educada por sus padres en su literario hogar. Aunque no fue a la escuela, Woolf recibió clases de profesores particulares y de su padre. Según las memorias de Woolf, sus recuerdos más vívidos de la infancia fueron en la casa de veraneo entre 1882 y 1894. En 1895 Virginia padeció la primera de sus depresiones, con la repentina muerte de su madre, y hermana Stella dos años después. Sumándole la muerte de su padre por cáncer en 1905, le provocó un ataque y fue brevemente ingresada a un psiquiátrico. Sus crisis nerviosas y posteriores períodos recurrentes de depresión, se cree estuvieron también influidos por los abusos deshonestos que ella y su hermana Vanessa padecieron a manos de sus medio hermanos. El 28 de marzo de 1941, Woolf se suicidó. En su última nota a su marido escribió:

“Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo.”


LA MARCA EN LA PARED (EXTRACTO) [1917]

 

Creo fue a mediados de enero del presente año cuando levanté la vista y vi por primera vez la marca en la pared. A fin de concretar el día es preciso recordar lo que una vio. Por esto, ahora, pienso en el fuego, la constante película de luz amarilla sobre la página del libro, los tres crisantemos en el redondeado cuenco de vidrio sobre la repisa de la chimenea. Sí, seguramente era invierno, y acabábamos de tomar el té, por cuanto recuerdo que fumaba un cigarrillo, cuando levanté la vista y vi la marca en la pared por primera vez. Levanté la vista, a través del humo del cigarrillo, y mi vista se fijó durante unos instantes en los carbones ardiendo, y a la mente me vino aquella vieja fantasía de la bandera roja ondeando en lo alto de la torre del castillo, y pensé en la cabalgata de los caballeros rojos ascendiendo por la ladera de la negra roca. Con cierto alivio por mi parte, la visión de la marca interrumpió mi fantasía, ya que se trata de una fantasía vieja, mecánica, quizá nacida en mi infancia. La marca era pequeña y redonda, negra sobre el blanco de la pared, situada seis o siete pulgadas más arriba de la repisa de la chimenea.

 

Con cuánta rapidez se arremolinan nuestros pensamientos alrededor de un objeto nuevo, levantándolo un poco, de la misma manera en que las hormigas transportan una pajilla muy febrilmente, y luego la abandonan... Si aquella mancha era una marca dejada por un clavo, el clavo no pudo ser colocado allí para colgar un cuadro, sino para una miniatura, la miniatura representando a una señora de blancos rizos empolvados, empolvadas mejillas y labios como claveles rojos. Una falsificación, desde luego, por cuanto la gente que vivía en esta casa antes que nosotros hubiera escogido pinturas así, una vieja pintura para una vieja estancia. Era gente así, gente muy interesante, y si pienso en ella tan a menudo y en tan extraños lugares, ello se debe a que jamás la volveré a ver, ni sabré qué fue de ella. Dejaron esta casa porque querían cambiar el estilo de sus muebles, eso fue lo que él dijo, y estaba él en trance de decir que, a su parecer, el arte debe tener ideas detrás, cuando fuimos separados, tal como se queda separado de la vieja dama en trance de verter el té y del joven a punto de golpear la pelota de tenis en el jardín trasero de la villa en el barrio residencial, cuando se pasa rápidamente en tren.

Emily Elizabeth Dickinson nació en Amherst en 1830, y vivió granparte de su vida recluida en su casa. Dickinson vivió sin salir nunca de su reducido pueblo natal. Considerada una excéntrica por sus vecinos, tenía predilecciónpor vestir siempre ropa blanca, era conocida por negarse a saludar a los invitados y en los últimos años de su vida, por ni siquiera querer salir de su habitación. Dickinson nunca se casó y la mayoría de amistades que tenía dependían completamente de la correspondencia. Durante su vida no se llegó a publicar ni una docena de sus casi 1800 poemas. Murió en Amherst en 1886.


Poema Nº 375 [1955]

 

El ángulo de un paisaje —

Cada vez que despierto —

Entre la cortina y la pared

Sobre una amplia grieta —

 

Como una celosía —aguardando —

Se presenta a mis ojos —

Es sólo una rama de manzano —

Que se yergue inclinada, en el cielo —

 

El diseño de una chimenea —

El frente de una colina —

A veces —el índice de una veleta —

Pero esto es —ocasional —

 

Las estaciones — transforman — el cuadro —

De mi esmeralda rama,

Despierto —y no encuentro — esmeraldas —

Luego —diamantes — que la nieve

 

Desde polares cimas — me buscan —

La chimenea —y la montaña —

Y sólo el dedo del campanario —

Estos — nunca se alteran —


James Augustine Aloysius Joyce nació en Dublín, el 2 de febrero de 1882. Fue un escritor irlandés, reconocido mundialmente como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX. Joyce es aclamado por su obra maestra, Ulises (1922), y por su controvertida novela posterior, Finnegans Wake (1939). Igualmente ha sido muy valorada la serie de historias breves titulada Dublineses (1914), así como su novela semi autobiográfica Retrato del artista adolescente (1916). Joyce es representante destacado de la corriente literaria de vanguardia denominada modernismo anglosajón. Murió en Zúrich el 13 de enero de 1941.


Extracto de "Retrato del Artista Adolescente" [1987]

 

¿Qué pájaros eran aquéllos? Se detuvo en los escalones de la Biblioteca y, apoyándose con aire de cansancio en su vara de fresno, se puso a contemplar cómo volaban. Revoloteaban girando y girando sin cesar, en tomo al saledizo de una casa de Molesworth Street. Su vuelo resaltaba netamente sobre el cielo de un atardecer de a últimos de marzo, como si aquellos trémulos y dardeantes cuerpecillos volaran sobre un tapiz azul y neblinoso apenas suspendido allá en los aires.

Estaba mirando cómo volaban. Y eran al pasar, pájaro a pájaro, sólo un relámpago quebrado y sombrío, sólo un temblor de alas. Trató de contarlos antes de que todos hubieran desaparecido: seis, diez, once. Y se preguntaba si serían nones o pares. Doce, trece: que dos bajaban aún deslizándose en círculos desde las regiones más altas. Volaban arriba, abajo, pero siempre girando, girando, cambiando constantemente de la trayectoria recta a la curva, siempre de derecha a izquierda, como si estuviesen dando vueltas alrededor de un templo aéreo.

Y oía sus gritos. Tal el chillido de los ratones tras el maderamen: una nota doble y aguda. Pero las notas giraban largas y agudas, no comparables al chillido de los ratones ni al ruido de la carcoma. Bajaban de tono una tercera o una cuarta y se prolongaban en trino cuando los picos alados hendían los aires. Eran unos gritos penetrantes, finos, claros, que caían como hilos de luz sedosa al fluir del giro de una devanadera.

Aquel clamor extrahumano le aliviaba el insistente murmullo de los sollozos y reproches de su madre, que aún en los oídos le estaba resonando. Y aquellos cuerpecillos obscuros, frágiles, estremecidos, que giraban cambiantes y temblorosos alrededor de un templo aéreo, le velaban la visión del rostro de la madre que aún no se le había borrado de los ojos. ¿Por qué se había detenido en los escalones del pórtico para oír aquel grito doble y agudo, para contemplar aquel vuelo? ¿En busca de algún augurio adverso o favorable? A través de su mente pasó una frase de Cornelio Agripa y luego revolotearon aquí y allá, por su espíritu, algunos pensamientos borrosos de Swedenborg acerca de la semejanza de los pájaros y de las cosas de la inteligencia, y de cómo las criaturas del aire tienen su entendimiento propio y conocen las diferentes horas y estaciones, porque, a diferencia del hombre, permanecen dentro del orden de su vida sin haberlo pervertido por la razón.

Ana María Fagundo Guerra nació el 13 de marzo de 1938 en Santa Cruz de Tenerife. Con 12 años, la poeta española ingresó en la Escuela Profesional de Comercio de su ciudad natal, obteniendo, en 1955, el título de Perito Mercantil, y tres años después el de Profesora Mercantil. En 1958 recibió la beca Anne Simpson para estudiar en la Universidad Redlands de California, donde se graduaría en 1963 con especializaciones en Literatura Inglesa y Española. Pasó luego a estudiar en las Universidades de Illinois y Washington, obteniendo de esta última el Doctorado en Literatura Comparada (1967). Su carrera docente como catedrática de Literatura Española en la Universidad de California, Riverside, se extiende de 1967 a 2001. Durante este periodo publica numerosos trabajos sobre literatura española, hispanoamericana y norteamericana, y  fue, además directora-fundadora de Alaluz, revista literaria en la que siempre tuvieron cabida los escritores de las Islas. Además compaginó su trabajo como catedrática con la creación poética, publicando doce libros de poemas entre 1965 y 2008. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués, italiano, alemán, polaco, lituano y chino. Su incursión en el campo de la narrativa se tradujo en su único libro de cuentos, La miríada de los sonámbulos (1994). Como parte de su labor crítica ha publicado numerosos ensayos sobre la literatura española de la posguerra, así como dos libros sobre literatura norteamericana y Literatura Femenina de España y las Américas (1995).  Fue galardonada con el Premio Carabela de Oro (1977) por su poemario Invención de la luz, con la Medalla Lucila Palacios del Círculo de Escritores de Venezuela (1996) y el Premio Isla del periódico canario La Opinión (2005). En el año 2007 donó su biblioteca y archivos personal a la Universidad de La Laguna (Tenerife). Falleció en Madrid, en junio de 2010.


POEMA CLARÍN DE AMANECERES [1994]

 

En tumultuosos despliegues de momentos

va la vida punteando desatinos:

la piel alzada en claroscuros llantos,

la risa envuelta en asombros repentinos.

 

 

Pero hay que seguir aunque la noche avance

con zarpazos imprevistos entre las sombras

y no sepa el ánimo qué acaso brutal

yace escondido entre las oscuras frondas.

 

 

Ya no se sabe ya. Ya no se sabe

si algún clarín de aurora está preparando

alguna nota álgida, alguna música

que armonizar pueda el pentagrama del alma.

 

 

¿Qué senda hay, qué norte guía?

¿Qué estrella polar su pálido parpadeo

ofrece a este oscuro devaneo

sus besos, esperanzas y alegrías?

 

 

Ven tú, clarín de amaneceres,

brote de espuma sobre la negra arena.

 

 

¡Que nos salve de nuevo la luz!

¡Que triunfe poderoso el poema!

Thomas Stearns Eliot, conocido como T. S. Eliot, nació en Saint Louis, Estados Unidos en 1888. Poeta, dramaturgo y crítico inglés. Aprendió de James la precisión en el léxico, de Browning recibió la forma del monólogo dramático, y de Laforgue los rápidos tránsitos de una a otra idea mediante las asociaciones y la mezcla de vocablos insólitos con una ordenación simple del discurso; el estudio de la poesía metafísica le proporcionó una versión moderna del "concepto" metafísico, el vínculo entre pensamientos y objetos dispares, y la costumbre del estilo directo y del lenguaje hablado; en los isabelinos del último período se inspiró para la forma del verso, flexible y con frecuentes encabalgamientos. Dante le enseñó la naturaleza exacta, escueta y evidente de las imágenes.

La familiaridad de Eliot con los simbolistas franceses aumentó a raíz de su viaje de 1911 a Europa, donde estudió primeramente en la Sorbona y luego en Oxford. En Inglaterra trabajó durante algún tiempo como empleado de banca; sin embargo, pronto se dedicó exclusivamente a la literatura.

Trasladado el valor desde los sentimientos a la idea que de ellos se forja el poeta, enunció su teoría del objetivo correlativo: serie de objetos, situación o sucesión de hechos, fórmula de aquella emoción "particular", que debe ser evocada inmediatamente una vez los acontecimientos externos han sido orientados hacia una experiencia sensoria.

A lo largo de una línea más propiamente poética apareció Cuatro Cuartetos (Four Quartets),

compuestos entre 1935 y 1942.

El premio Nobel que se le concedió en 1948 lo confirmó como el mejor de los autores poéticos ingleses contemporáneos. Entre sus obras cabe citar: De la poesía y de los poetas (1957), El viejo estadista (1958); Poesías (1909-1962) y Ensayos, publicada en1965, que comprende toda su labor crítica. Muere en Londres, Inglaterra en 1965.


Extracto de "Cuatro Cuartetos" [1935-1942]


V - 160

 

Se mueven las palabras, la música

se mueve sólo en el tiempo, mas

lo que sólo vive no puede

sino morir. Tras el discurso

las palabras aspiran al silencio.

Sólo en la forma, en el trazo,

alcanzan las palabras,

la música, la paz, como se mueve

perpetuamente el jarrón chino

en su quietud.


V - 170/180

 

Y es todo siempre ahora.

Se tensan las palabras,

crujen y se quiebran a veces

por el peso y la tirantez; se pudren

de imprecisión, abandonan su sitio,

no se quedan quietas. Voces que gritan,

riñen, se burlan, o que simplemente

parlotean, amenázanlas siempre.

La palabra en el desierto es la más

acosada por tentadoras voces,

de la sombra el llanto en la danza

funeral, la lamentación sonora

de la quimera desolada.

 

Kathleen Beuchamps nació en Wellington (Nueva Zelanda) el 14 de Octubre de 1888 y murió en Fontainebleau (Francia) el 9 de Enero de 1923. Vivió gran parte de su corta y malograda vida en Gran Bretaña, donde, a pesar de su amistad y contacto con los más importantes escritores ingleses de la época ( D.H. Lawrence y Virginia Woolf), se convierte en un caso aparte en la moderna literatura anglosajona, pues no esxiste conexión alguna entre su estilo llano e intuitivo y el de cualquier otro prosista inglés. Su formación artística y la conquista de su personalidad moral coincideron con la crisis europea de la Primera Guerra Mundial y de la inquieta posguerra y su obra refleja e interpreta la turbación de aquella sociedad con una participación afligida y piadosa. El arte de Mansfield se desarrolla en una serie intuiciones de los más íntimos e inefables secretos de dolor cotidiano. La duración de su inspiración encuentra la medida exacta en el relato donde, a través de objetos mínimos y situaciones pobres de hechos, se realiza su exigencia moral de orden y verdad. Según el parecer de autores de indudable prestigio como H.G. Wells, J. Galsworthy, Walter de la Mare y H.M Tomlinson, que como ella cultivaron el cuento y la novela corta, Katherine Mansfield

es la más brillante escritora angasajona de este género. "Felicidad", publicado en 1920, es el primer libro realmente importante de Mansfield (la autora se rehusó volver a imprimir su primer libro "En Una Pensión Alemana" (1911), por considerarlo inmaduro), y como "El Garden Party" y "La Casa de las Muñecas", publicados anteriormente por Ediciones del Cotal, reúne una selección de cuentos que ilustran su prosa seca, exacta, inaccesible a todo tipo de énfasis y embellecida por algunos colores agrios y punzantes, que nos revelan a fondo su personalidad y su doloroso destino.


Extracto del cuento "El Canario" [1922]

 

          ...Pero ahora se ha ido. Nunca más tendré otro pájaro, otro ser querido. ¿Cómo podría tenerlo? Cuando lo encontré tendido en la jaula, con los ojos empañados y las patitas retorcidas, cuando comprendí que nunca más lo oiría cantar, me pareció que algo moría en mí. Me sentí un vacío en el corazón como si fuera la jaula de mi canario. Me iré resignando, seguramente: tengo que acostumbrarme. Con el tiempo todo pasa, y la gente dice que yo tengo un carácter jovial. Tienen razón. Doy gracias a Dios por habérmelo dado.

          Sin embargo, a pesar de que no soy melancólica y de que no suelo dejarme llevar por los recuerdos y la tristeza, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es. No hablo del dolor que todos conocemos, como son la enfermedad, la pobreza y la muerte, no: es otra cosa distinta. Está en nosotros profunda, muy profunda: forma parte de nuestro ser al modo de nuestra respiración. Aunque trabaje mucho y me canse, no tengo más que detenerme para saber que ahí está esperándome. A menudo me pregunto si todo el mundo siente eso mismo. ¿Quién lo puede saber? Pero ¿no es asombroso que, en su canto dulce y alegre, era esa tristeza, ese no sé qué lo que yo sentía?

PROYECTOS

2023


En base a grabaciones, fotomontaje y relatos se recogen las historias y el quehacer de cuatro artesanos de Limache.



Comentarios


COMENTARIOS DE SOLEDAD GASMAN A OTROS LIBROS

  • El suizo que amaba las flores

    “Un miércoles 11 de Septiembre de 2013 fue su funeral y era como si aún no se hubiera muerto. Entre las palabras de despedida y en medio de tantas flores, parecía no querer partir (…)

    (…)Así se despidió Rodolfo Pümpin, el florista suizo más distinguido que alegró a los porteños hasta el día de su muerte(…)

    (…)Estaba en la calle Esmeralda y los pumpines construían verdaderas instalaciones en sus vitrinas, donde cada objeto tenía movimiento y la vegetación tenía además el aroma y frescura que acompañaba a personajes de cartón piedra que derrochaban verosimilitud con facturas de carne y hueso. Para mí, que en esa época no tenía más de seis años, era como si el hada de Pinocho no hubiera podido contenerse y al otro lado de los vidrios hubiera dado vida a un mundo de miniatura y verdad. La primera vez que vi una vitrina de Pümpin me costó creer que fuera posible y esa noche antes de dormirme toda su vegetación, los pájaros de rama en rama y los aldeanos cortando leña, como si paralelo al mundo de los grandes existiera otro sólo para los niños.”

     

     Esta niña, hoy día adulta, crea un mundo paralelo mediante el lenguaje en ‘EL SUIZO QUE AMABA LAS FLORES’ y al hacerlo evidencia su también prolífica imaginación, su gran amor a las flores, a los porteños y a Valparaíso, su ciudad.

     

      Porque, Ivonne Domange, la otrora niña, como autora de ‘EL SUIZO QUE AMABA LAS FLORES’ no sólo recrea vitrinas imaginarias, sino que las va relacionando con el devenir político de Chile entre los años 1960 y 1996.

     

       En un lenguaje informal y en muchas ocasiones metafórico, con un tono sentimental-didáctico-reivindicativo y bajo el acelerado ritmo urbano actual,  se presenta   a través de veinte y uno capítulos, la figura de Rodolfo Pümpin,  un personaje que identificamos apenas iniciada la lectura.

      “Alto, elegante y ceremonioso como salido de un cuento…”, refiere Domange.     Tal cual ese príncipe azul de los sueños infantiles, éste posee un modo misterioso y amable de ser. En el texto, tocado por la vara mágica de la autora, se hace portador del condimento   necesario a la intriga.

    ¿Qué quiere representar realmente en sus vitrinas el florista suizo, posee él una inclinación política, qué rol ocupa su ayudante, descubre este último junto al suizo un medio de expresar su descontento político?

       Las famosas instalaciones de los púmpines son un juego infantil que se torna peligroso, al llamar la atención no sólo de los porteños sino también de ciertos oscuros personeros de la época.

    Esta pléyade poderosa de terrorífica oscuridad se contrasta con la narradora y con Baby; dos porteñas que se cuestionan, murmuran, recogen rumores e indagan la vida del florista. Dos mujeres de las cuales no se nos dan más señas que aquellas relacionadas con su curiosidad y chismosería en torno al admirable hombre suizo. Junto a ellas y del lado de los buenos, el personaje del memorable Valdés, un maestro chileno hábil, sagaz y tan puntual y exigente como el mismo Pümpin.  Su dicho “Lo hecho con tinca, tanca y si no, no tunca” encanta.

       Dentro del entramado de frases y hechos supuestos o reales, tal cual ocurría durante la época representada, los dos personajes femeninos, transitando entre cafés, plazas y restaurantes del puerto, sostienen breves y cómplices   diálogos con otras figuras conocidas, tales como Ennio Moltedo, Renzo Pecchenino, María Luisa Bombal, todos ellos afectados e intrigados por la suerte del amigo suizo.   Son estas conversaciones siempre apremiadas por el tiempo, las que van enterando al lector de los   acontecimientos públicos y también secretos que las vitrinas suscitan y que terminan por ocasionar el cierre de la florería.

      Al cerrar las páginas de “El suizo que amaba las flores” queda rondando en la memoria como el paso del cometa Halley, el vertiginoso transitar   de las cuatro figuras centrales de la trama: las dos mujeres, el florista y su ayudante. El texto nos trae  un chispazo tierno y a la vez amargo del pasado porteño.

     

    SOLEDAD GASMAN [2017]

  • Cardoscuro, me largaré a llover

    Esta frase resume el contenido y la belleza de “Cardoscuro”, libro de poemas escrito por Leonora Lombardi, pseudónimo de Marcela Prado Traverso, doctora en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Stanford y académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha.

     

    Divididos en tres secciones, los 140 poemas de “Cardoscuro” nos llaman a admirar la naturaleza, sugiriendo similitudes y  contrastes entre ella y los temas que aborda: la fugacidad del tiempo y lo finito de nuestro paso;  el dolor de la separación y la alegría del encuentro;  los afectos  familiares,   la constatación de la propia soledad, entre otros.

     

     

    MICROCOSMOS VEGETAL

     

    Vivo en el microcosmos

    De la gota sobre la hoja del naranjo

    Pendiente de la hierba

    Desaparecida entre bueyes

    Atenta al susurro de la aldea

    Y desdeñosa de la palabra urbana

    Del aullido de la esquina civilizada

    De la patria esclavizada por los cables. (p.81)

     

    Al oponer el mundo natural al urbano y hacerlo en relación a lo que podemos ver y oír, este poema nos deja perplejos frente al contraste que evidencia la pérdida de sentido por lo natural de la vida urbana. Los tres últimos versos sugieren que no sólo la ‘palabra urbana’, ni la ‘esquina civilizada’, ni ‘la patria’, sino que el lenguaje mismo, la civilización y los valores quedan ‘cercados, maniatados, intervenidos’ por aquella ‘esquina civilizada’ y esos ‘cables’, dos imágenes modernas, vigentes y cercanas de mucha fuerza sugestiva. Contrastado así, el microcosmos se hace más micro y a la vez magnífico en su pureza natural.

     

     

    ELOGIO A LA NATURALEZA

     

    Toda esta arboleda

    Quedará lavada

    Con la próxima llovizna

    Y un día de sol

    Devolverá ese verdor brillante

    Será el mejor regalo

    Para mis ermitaños ojos. (p.112)

     

     

    “Elogio a la naturaleza” nos hace imaginar y sentir a la naturaleza con mayúscula, como un todo poderoso, auto-regenerativo y sanador. Un todo del cual el hombre es una parte, que también puede restituirse o re-generarse en la medida que observe ese todo y a sí mismo dentro de él, tal cual como lo harían unos ojos luego de haber decidido permanecer aislados y ocultos.

     

     

    Lo primero que llama la atención en este poema es que sólo siete versos puedan contener lo que su título anuncia.

    En los siete versos tenemos tres afirmaciones en tiempo futuro.

    Que una próxima llovizna lavará la arboleda.

    Que un día de sol le devolverá su verdor.

    Que la visión de ese acontecer será el mejor regalo para los ojos del hablante.

     

    Si ponemos atención a lo referido en las afirmaciones diríamos que las podemos reducir a dos.

    Una referida a la naturaleza.

    Y otra, al estado anímico del hablante en relación con ella.

    Es esta disposición de los versos la que nos lleva a conjeturar que estamos frente a un todo del cual se distingue una fracción.

     

    Surgen así dos elementos, un objeto admirado que es el todo y un sujeto ‘admirante’ que a su vez es parte del objeto.

     

    Al aludir al objeto admirado: ´toda esta arboleda’, el poema nos dice que ella misma se encargará de restituir su belleza y esplendor, sugiriendo las ideas de auto-regeneración o restitución mediante el uso de las expresiones ‘quedará lavada’ y ‘devolverá’.

     

    En los dos versos finales se introduce el sujeto ‘admirante’: los ermitaños ojos, para los cuales el fenómeno acaecido al objeto: la recuperación de su esplendor, le significan el mejor don.

     

    Cabe preguntarse entonces cómo son esos ojos. No es que pertenezcan a un ermitaño. Ellos mismos son ermitaños. Los ermitaños son personas que viven en soledad, como los monjes, y que profesan una vida solitaria, según la RAE.

    Por lo tanto, podemos suponer que esos dos ermitaños, luego de haber estado solos, teniéndose a sí mismos por única compañía, permaneciendo tal vez ocultos en la oscuridad, se recrean al ver cómo el sol devuelve el verdor de las hojas de cierta arboleda que ha sido lavada por la lluvia.

     

    Si reparamos en la puntuación del poema comprobaremos que todos los versos empiezan con mayúsculas y que aparte del punto final, no hay otro signo de detención.

    Si otorgamos sentido a esta peculiar puntuación, el objeto observado y el sujeto observante quedan en un mismo plano, parecen pertenecer a un mismo ámbito. ¿Ello no nos permitiría establecer con propiedad un paralelo entre arboleda/hablante y  naturaleza/hombre?

     

    Bajo esa interpretación los elementos del poema cobran un nuevo sentido insinuado por las imágenes visuales y auditivas que se introducen. Por ejemplo, podemos mirar aquella arboleda como un grupo de hombres. ¿No son sus copas como cabezas; sus ramas como cabelleras; sus hojas brillantes como ojos; sus troncos como piernas?

    ¿Esa lluvia sobre la arboleda no es como el llanto humano que lava la tristeza o la soledad?

     

    Tras la lectura de los elementos señalados se nos aparece la naturaleza con mayúscula y dentro de ella el hombre, ambos con su propia capacidad de restitución. Este restituir-se a la manera de un acoplamiento mediante vasos comunicantes, sería lo que el poema llamaría a hacer consciente en el lector, sugiriendo como necesaria esa otra mirada. Aquella de un hombre cuyos ojos se asombran ante la naturaleza.

     

     

    VIAJANDO JUNTOS

     

    Amanecimos desnudos entre la hierba.

    De un lado

    El inmenso mar

    Bufando con sus neptunos y poseidones

    Del otro,

    La falda extendida de los desiertos

    Con su yareta vencida por los vientos. (p.95)

     

    Ejemplo de fusión entre lo que se dice (contenido) y cómo se dice (forma), este poema nos habla de una relación de amor entre seres humanos a través de dos elementos naturales, el mar y la yareta del desierto; de manera que lo humano y lo natural se conjugan simultáneamente. Desde esta mirada, la construcción del poema funciona como una metáfora perfecta.

     

     

    SOLEDAD GASMAN [2016]

  • Viñamarinos


     

    Catalina Porzio -diseñadora gráfica de la Universidad Católica de Valparaíso y magister en edición de la Universidad Diego Portales- autora de Viñamarinos…   escoge de portada para su libro una imagen de un grupo de personas frente al reloj de flores de Viña del Mar. Este gesto, como todo lo que involucra su original e interesante libro, no es casual.  Observada detenidamente, la imagen representa en gran medida la forma y el contenido de Viñamarinos…

     

    Por una parte, la foto del grupo frente al reloj está fraccionada entre la portada, el lomo y la contratapa, de manera que sólo al desplegar el libro totalmente es posible verla, así como sólo después de leer todas las secciones de Viñamarinos... el lector reconoce ese elemento común detectado por la autora en ciertos personajes de la ciudad balneario.  Aburridos, excéntricos y decadentes, ya merodeaban nuestro imaginario. Reunidos ahora gracias a Porzio,  aquella intuición o  conjetura socio cultural  adquiere renovado interés y fundamento.

    El gesto de apertura o despliegue –como quien abre un paquete-  necesario al lector se corresponde con aquel realizado por la autora, quien despliega y exhibe   para nosotros toda clase de vestimentas y accesorios sui generis, usados por sus denominados Viñamarinos, desde la formación de la ciudad hasta finales del siglo pasado. La muestra sin duda que provee al lector de un vistazo entre  épocas  que también completa  el esbozo inconcluso que poseíamos.

     

    Por otra parte, los textos incluidos en el índice tal como la fotografía   aludida, están divididos en tres partes: “El chalet de los aburridos”; “Un balneario rabiosamente feliz”; “Casi Punta del Este…”  A cada una de ellas, a su vez, corresponden otras tres: textos generales de la época, imágenes y fragmentos escogidos sobre los personajes.

     

    El reloj de flores protagoniza la escena de la imagen tal como el “tiempo ido”, gran tema del libro. Ese reloj existiendo hasta hoy en el mismo lugar, como la reinserción de los personajes en nuestro imaginario recuerda y aviva el pasado fundacional de la ciudad,  el avance inexorable de su desarrollo y los cambios ocurridos a la ciudad y sus habitantes.

     

    Volviendo a la forma presente en la imagen, diríamos que, entre el reloj y el grupo de personas se distingue una distancia debida a un macizo de flores y un prado, distancia que semeja la bien guardada por la autora en su rol de mediadora o curadora de textos y fotos que pertenecen a otra/os autora/es.

    Sobre el mismo punto, la forma, los miembros del grupo variopinto  de viñamarinos presentados en la imagen y adentro del libro,  exhiben un grado de homogeneidad en relación a su objeto  de interés (el reloj) y a su indumentaria. Tal cual como los aburridos, excéntricos y decadentes en conjunto apuntan sus actos hacia un ‘afuera’ ya sea lo europeizante, lo atemporal o lo extravagante, ostentando una apariencia física homogénea en cuanto a ‘fuera de lo común’.

    Nuestra propia mirada y lectura sobre “fulano, zutano y perengano” que debemos a    Porzio,   también semeja la observación detenida e interesada del grupo sobre el reloj de flores, y no sólo eso;  los fragmentos de textos que leemos  se corresponden con la imagen parcial  de los cuerpos que nos muestra  la foto. Por último, algo ya enunciado antes, la voz que escuchamos tras la lectura no es una como no es solo un par de ojos los que miran el reloj.

     

    Cabe agregar el aspecto lúdico del gesto de la portada y la cuota de humor que trasuntan estas ‘inocentes’ pinceladas escogidas por la autora para hacernos reír.

     

    SOLEDAD GASMAN [2017]


COMENTARIOS A SOLEDAD GASMAN

  • Catalina Porzia comenta La Motoniveladora

    Recibí la invitación de la librería Punto y Coma a participar de esta lectura cruzada entre cuatro mujeres y sus obras en distintos géneros literarios. Por azar me tocó la tarea de leer y comentar el libro de Soledad Gasman, "La Motoniveladora", publicado por editorial Altazor el año 2014. Se trata de 16 cuentos breves inspirados en la zona de Quebrada Escobares, entre Villa Alemana y Limache, donde la autora reside desde hace ya varios años. Debo comenzar diciendo que para mí, como imagino que para muchos otros que viven hacia el lado del mar, las localidades de lo que entendemos por “el interior” funcionan más bien como destino de veraneo o paseos de fin de semana, en un sentido recreativo donde prima el paisaje y la ilusión de experimentar esa idea costumbrista que asociamos al campo de la zona central: una chilenidad de vino tinto y empanada.

     

    Sin embargo, la ruralidad que aborda Soledad Gasman, nada tiene que ver con esa idealización del campo y sus “bondades”. Claramente no se trata de la mirada de una turista o veraneante, sino de quien ha logrado arraigarse a su entorno estableciendo vínculos más íntimos y complejos marcados por el pulso  cotidiano. Esta gran diferencia, entre el visitante y el que habita, hace que la autora pueda, con toda propiedad, dar cuenta de un lado más áspero y a ratos descarnado de la vida que se da en una esfera aislada e incluso marginal. Porque, además, el espacio de sus personajes es un territorio ambiguo que está en una doble periferia: no es del todo rural (la hacienda), pero tampoco es urbano (extramuros).

     

    El libro empieza con el cuento “La pollera florida”. Una mujer, Eva, se interna por un camino barroso de la mano del menor de sus hijos, Hugo, que aún no cumple los cinco años. De la misma manera en que no pudo encargarse de sus tres hijos mayores, va decidida a entregar al pequeño a un grupo de cabreros para que lo cuiden y le transmitan su oficio. Echa un vistazo a su alrededor y enumera lo que ve: un colchón en el suelo, una esterilla, tazones, ollas, dos paquetes de tallarines, té, azúcar; un par de gallinas... En ese lugar, piensa, al niño no le faltará nada, y no cabe duda allí va a estar mejor que con ella.

    Toda la compasión que suscita esta historia tiene una cualidad, y es que no hay juicio taxativo de por medio. Es decir, si bien el caso es feroz, tanto el niño como la madre son víctimas de una misma tragedia. Esa relación con el destino es en este y otros cuentos del libro, un tema que la autora instala con cierta ternura, poniéndose en el lugar de sus personajes: mujeres solas, niños y jóvenes abandonados o extraviados por falta de posibilidades, en fin, echados a su suerte.

     

    Si bien esa suerte a veces juega a favor, es siempre un estado frágil. Así nos recuerda el conmovedor cuento “Los containers”, que abre con el encuentro fortuito de dos adultos en un policlínico que se reconocen en su soledad y se enamoran: la Maruja, una mujer que asiste regularmente al médico, y Humberto, vendedor de gomitas de eucalipto, varios años menor que ella.

     

    ***

     

    Los cuentos de este libro son breves escenas marcadas por las penurias de un paisaje inequívoco, difíciles de precisar en el tiempo o en una cronología propia de la periferia. Estas escenas, que muchas veces terminan en puntos suspensivos dejando abierta la interpretación de algunos hechos, son fragmentos de un universo mayor, que la autora recoge asomándose por distintos ángulos de una gran escena para luego juntarlos como si se tratara de “un macramé de nudos sueltos”. Es el trabajo de una tejedora.

     

    ***

     

    En el cuento final, “La motoniveladora”, título que da nombre al libro, se revela la clave de cómo la escritora, representada en su personaje Magdalena, ha logrado apropiarse de las historias que traduce. Sin duda es una observadora, pero es doblemente activa al ejercer la conversación como mecanismo inclusivo del otro captando un registro más íntimo. En este caso, la historia se centra en un diálogo que Magdalena sostiene con el operador de una motoniveladora. Ella le pide un trabajo puntual, de orden práctico, y se sube a la máquina para aprender cómo es que la tarea se lleva a cabo. Desde ese lugar, entre una serie de datos técnicos que le proporciona el obrero, se cuela un diálogo incitado por la mujer, que descubre una dimensión más personal exponiendo las fracturas familiares del operador.

     

    La máquina motoniveladora es la posibilidad de un vínculo: permite la llegada a lugares recónditos sacándolos de su aislamiento natural. De un modo parecido, la autora abre caminos para entregarnos historias que están fuera de nuestro alcance.

     

    Alguna vez escuché a Raúl Zurita describir la mínima expresión de un encuentro cuando dos personas desconocidas conectan sus miradas desde un carro a otro mientras están detenidas en una estación del Metro. Cada biografía, por simple que parezca, está llena de aristas que podemos dejar pasar, o bien, como hace Soledad Gasman, advertir, para a través del otro profundizar en nosotros mismos.


  • Madeleine Aulikki comenta la vida y obra de Soledad Gasman

    Canta una tenca en la punta alta de un boldo. Son las aves las compañeras de viaje de la vida y obra de Soledad Gasman León (1956), autora chilena de la que trataré con motivo de este ensayo o trabajo final del Diplomado  de Literatura y Pensamiento femenino de la PUCV.

    Son demasiados los cruces y encuentros con Soledad. Las dos somos nacidas bajo la misma  constelación de Tauro, a las dos nos gusta la Literatura, a las dos nos causan fascinación los antiguos oficios del mundo rural, a ambas nos aqueja el mal de la jaqueca, a las dos se nos ha hecho cuesta arriba compatibilizar la vida propia con el cuidado a otros, otres ahora. Y algo muy trascendental también es que ambas tenemos un lazo importante con un  mismo hombre. El de ella es por amor de pareja y haber formado familia junto a él, el mío porque ese mismo ser le salvó la vida a mi madre conmigo adentro de su vientre el verano de 1975. Ninguna letra habría sido escrita aquí sin ese oportuno rescate vital.

     

    Soledad Gasman León escribe desde niña. Es Licenciada en Lengua y Literatura Inglesas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Realizó estudios de Filosofía, Ética y Antropología filosófica en la misma casa de estudios. Realizó una pasantía en la Universidad de Millersville, Pensilvania, Estados Unidos. Desde 2004 dirige talleres de literatura en forma independiente. Recibió el año 1996 el Primer premio PUCV de Lengua y Literatura. Ha publicado los libros de cuentos “Ajuste de Cuentos” (2015) y “La Motoniveladora” (2014), de poesía “Antología Repentina” (2012) y “Aire de Palabras” (2011). Ha participado como escritora en las publicaciones “Senderos Poéticos Hispanoamericanos” (2000) y en la compilación del concurso de cuentos “Teresa Hamel” con “Un Error” (2010). Ha sido directora por siete años del Taller de Literatura Inglesa para Profesionales y por dos años el mismo taller dirigido a profesores de inglés.  Ha publicado junto con Andrés Ferrada el libro de ensayos en torno a la obra de Virginia Woolf “El Goce de las Olas” publicado por Editorial Cuarto propio.

     

    En mis caminatas por San Francisco de Limache donde resido, me encuentro una tarde con Soledad, escritora y poeta que reside hace unos años en su parcela de Quebrada Escobares, su cuarto propio. Soledad vuelve una y otra vez a la ruralidad, es el movimiento inverso del mundo moderno que se afana por acceder a una mejor vida en un gran centro urbano. En ese hábitat es donde Soledad da vida a su escritura rodeada de pájaros silvestres que la inspiran “cómo las criaturas del aire tienen su entendimiento propio y conocen las diferentes horas y estaciones, porque, a diferencia del hombre, permanecen dentro del orden de su vida sin haberlo pervertido por la razón” .

     

    La elección de desarrollar un texto sobre Soledad responde a las preguntas iniciales del Diplomado realizado durante el inolvidable año 2019 en Chile: ¿Es posible hablar de una Literatura femenina? Mi cercanía con la autora, primero que nada, y recalco el género para afirmar que si existe una literatura de mujeres y una escritura de mujeres. Para mí no cabe duda. Son infinitas las vidas de tantas generaciones anteriores de mujeres que pueden avalar este postulado y, en estas líneas, pocas para el abultado historial. Aquí abro una página más en homenaje a una escritora coterránea y contemporánea poco conocida. Ella vive por opción en el valle vecino de Quebrada Escobares. Desde allí se sitúa su escritura femenina, un lugar en el borde geográfico y social.

     

    La condición cultural de la mujer ha estado tan arraigada en el servicio del cuidado a otros, al espacio doméstico, a la crianza, llevando y trayendo niños, administrando emociones y junto con esto y, a la misma vez, en el sacudir, lavar, cocinar y alimentar que afecta todo su cuerpo y psique, su consciencia y sus propios sueños llegando a olvidarse de ellos. Y cuando lo hijos crecen o se encaminan ya en sus vidas la mujer queda frente a sí misma y recobra ese tiempo para saber quién realmente es, porque ya no recuerda mucho quién era aparte de ser madre…

     

    Quebrada Alvarado es el reencuentro consigo misma y con la naturaleza, ya que sus estudios universitarios los retoma post crianza y comienza allí su producción como escritora de narrativa y poesía hace poco más de una década en una etapa de la vida de mujer madura. Coincide su arribo a su nueva y propia vida, ya en la ruralidad “lejos del mundanal ruido”, ahora acompañada de una diversidad de aves silvestres que la acompañan en su escritura. Y no sólo como música de ambiente mientras trabaja, son las aves un elemento interesante en su nueva y primera novela, aún sin publicar, titulada Masa madre. Y de la que me referiré aquí.

    Son las aves representantes de esos infinitos roles que juega la mujer y que la desconcentran de su propia labor, de su propósito. Seres vivos que viven en el elemento aire que recuerdan pensamientos, vivencias. sueños y que vienen a dar un mensaje en la escritura.

    “En la escritura de Masa madre trabajé su presencia queriendo representar las muchas voces que habitan a la narradora; el cómo ellas irrumpen, desviando, mostrando y conduciendo el hilo de la narración.”, relata la escritora al entrevistarla.

    Soledad define su escritura hasta hoy como femenina, tanto en la forma como en el contenido. La voz que adopta, especialmente en Masa madre se manifiesta desde la subjetividad, quiere seguir lo laberíntico de la conciencia, mostrar los afectos que van entrecruzando las vidas de sus personajes. “Los temas o contenidos se trabajaron a partir de distintas subjetividades, y no al revés. Fueron estas últimas las que dieron presencia a motivos y acciones, e incidieron con mayor fuerza en el curso de los acontecimientos”.

    -¿Masa madre podrías decir que solo pudo ser escrita por una mujer? -

    “Creo que Masa madre escrita por un hombre, desde su ser varón habría dado por resultado una narración más acotada, con menos pájaros, más unidireccional y ciertamente con un ritmo distinto”.

    -¿Piensas si existe una literatura femenina o escritura de mujeres?

    “Pienso sin duda que existe una literatura femenina, en contraposición a una masculina si nos atenemos a lo que se ha entendido como femenino, de acuerdo a autores como Paz o Bachelard. Sin embargo, también creo que la ‘femineidad’ puede ser desarrollada por cualquier ser humano no importando su género, y es eso lo que empieza a ocurrir en la medida que las formas tradicionales de diferenciación de género se van desdibujando.  Diría que en aquellos textos donde hay mayor presencia de recovecos, desvíos, cabos sueltos, imaginación dispersa, espontaneidad hay una forma más femenina, distinta a un desarrollo más direccional, premeditado, cronológico, acabado, más propio de lo “masculino”.

    En literatura chilena, los textos de Damiela Eltit representan para mí una amalgama equilibrada en cuanto a forma y a contenido que podrían denominarse como femenino/masculino. Estoy pensando en El padre mío y en Sumar. En ambos textos se percibe el juego de lo serio y pesadamente estructurado con el vuelo y una imaginación más suelta, siguiendo desvíos y cabos sueltos. María Luisa Bombal, es un ejemplo de literatura femenina para mí. Roberto Bolaño, de literatura masculina; no así Alejandro Zambra donde veo un equilibrio similar al de Eltit.  María José Ferrada en Kramp muestra aquel equilibrio que vislumbro en Eltit.  Camila Couve en Estampas de niña sigue más bien la línea de Bombal con una fuerte presencia de lo femenino, para nombrar dos premios municipales recientes. Respecto a “literatura de mujeres” existirá en la medida que consideremos ciertos temas como privativos de la mujer, cosa que hoy día va desapareciendo.”, relata Soledad en una de las tantas conversaciones sostenidas en Limache.

    Continúa: “En mi desarrollo como ser humano la presencia de lo femenino es más fuerte que lo masculino y pienso que mi escritura no podría ser reflejo de algo que no sea  yo;  por lo tanto, transformo la realidad en mi escritura desde mi ser mujer con una mayor inclinación hacia lo femenino que hacia lo masculino”.

     

    Sus inspiraciones las ha encontrado en nobles autoras como Virginia Woolf, T.S Eliot, Emily Dickinson, Jhumpa Lahiri, Damiela Eltit, Elena Ferrante, Alejandra Costamagna, Elvira Hernández así también en la campesina sin escuela y en sus vecinos de la Quebrada que aún practican sin fama de redes sociales antiguos oficios en extinción del mundo rural y que la inspiran a escribir cuentos para su rescate. Y en su cuarto propio todos le resuenan: los textos literarios, los trinos de la vida silvestre que se posan en los árboles de su parcela y las historias de vida sacrificada de mujeres solas de su Quebrada. La propia Simone de Beauvoir en su autobiografía Memorias de una joven formal revela que gran parte de su inspiración que desarrolló en sus postulados feministas nacieron en sus paseos por los montes entremedio de la naturaleza.

    Masa madre (y ahora sin cursiva) es la levadura natural que siempre se usó para fermentar pan, cerveza, vino u otros alimentos. Está hecha de algún cereal como trigo, por ejemplo, y agua. Es un proceso vivo que requiere tiempo, calor y ciertas condiciones muy particulares para que logren un alimento nutricio con sabor. Para hacer una buena masa madre, la base de los mejores panes que se pueden hornear, se necesitan dos requisitos: alimentarla y cuidarla. Solo así no se echará a perder y durará toda la vida. Para preparar una buena masa madre la verdad no hay receta.

    Hay masas madre muy antiguas que se han descubierto guardadas por traspaso de generaciones portando un poco de tiempo y aire trasvasijándose de una en otra.

    El fermento de la escritura de Soledad es el tiempo que insufla aire a la masa que es su escritura. Esa larga pausa de años de espera mientras ejercía la maternidad dejó leudar ese ingrediente vital que permite que hoy desde su parcela, su cuarto propio anhelado, reconquiste ese territorio de la creación. Ahora, la vasta complejidad femenina de simultaneidades y diversas voces ya están hornéandose, algunas ya son un pan crujiente y caliente servido en la mesa para disfrutarlo y nutrir a una familia, pero algo muy valioso… también para disfrutarlo consigo misma.

    La novela Masa madre tiene cuatro momentos: La retratada, la disfrazada, la invitada y la integrada. Cuatro etapas de las distintas facetas y voces de la narradora que recuerda hechos de su historia personal en unas vacaciones con un grupo de amigas. Huele esta Masa madre a Las olas de su admirada y referente literaria Virginia Woolf.

    De una escritura profundamente femenina por su complejidad y de cómo fluye la escritura, entrando y saliendo del presente tal como las aves que se posan frente a la ventana de la narradora como escenas de su pasado o de la novela amada.  Un revoltijo que acostumbramos a entender como una mezcla de diversos elementos que a veces dan resultado a una creación perfecta, que calzan en un plato conocido y establecido. Pero aquí no sabemos, aunque conozcamos los ingredientes a ciencia cierta y sigamos las instrucciones indicadas al pie de la letra, que puede dar origen a algo desconocido que no calce en ningún soporte. Y porque no se puede saber, por que la naturaleza femenina está en devenir todo el tiempo. Y porque con la masa madre nunca se sabe.

    Y con la obra de Soledad sus vivencias, sus lecturas, las diversas voces femeninas que habitan y han habitado en ella, sus sueños son el alimento, el fermento para una novela Masa madre.

    Finalizo este trabajo con un poema de la misma escritora, otra de sus formas de escribir un retrato acerca de ese ser femenino profundo. ‘Despoblada de mi’, habla de ‘la mujer’ de los años noventa en Chile.

     

    Despoblada de mí (2012)

     

    Un tenue rayo de luz ilumina tu cuerpo

    Amanece o es la tarde que muere. Cierras y abres muchas puertas

    se desarma y vuelve a armar el tiempo, tus cosas traspasas y no recuerdas,

    no sabes.

    En caja de paja tus ojos vaciados, tus miembros de trapo

    ¿Estás ahí?

    ¡Ay!

    ¿Quién eres?

    Mirándote me ves y no alcanzo a verte

    Mirándome te ocultas y luego apareces

    Quién te trae en brazos quién

    Te toma ahora y te peina y te viste

    Quién te lleva, no hay.

    Estás ahí botada, dormida, ¿muerta?

    Mira como te caes a pedazos, como te deshaces.

    Vamos, y tus juegos

    De niña presumida, las tacitas, La doctora, empresaria

    La machi, presidenta,

    la escritora

    De juegos la profesora.

    A lo mejor descubres un modo de cortar las púas

    Que recorren este cuerpo de alambre, estas tripas de trapo.

    Quién te trajo quién te mandó mestizarte mascando escupiendo el opio de esta casa postiza,

    de este cuerpo de paja.

    Cómo te botaron aquí

    En esta plaza lejana cómo

    Dime cuál

    ¡Ay!

    Boca arriba ¡tan delicada! porcelana europea

    Mestiza fugitiva de un pasado ghettto, mapuche, español.

    Hija de patriarcas codiciosos, de reyes avaros,

    Monjes inflexibles, indios guerreros y

    Tú , sólo mujer,

    chilena,

    dónde estabas.

    Y al fin cómo te dices Mostrando tu marca extranjera

    ¿Cómo se escribe tu nombre?

    Y si te naces sin nombre

    no me pidas clemencia, no.

    Te botaré.

    Para ti no habrá pudrición ni gusanos gozosos , no.

    Tu soberbia de ser extranjera

    tus ojos embriagados de luces

    ciegos al calor de un invento sedientos a torpes pasos de cuerda. El orgullo de saberte con marca sin precio con sello extranjero Distinta y no tú.

    Estás ahí abultándome las entrañas, llegas a ser la hija de mi cuerpo.

    No te espero y estás ahí dejándome

    la mirada bizca y los sentidos amorfos.

    ¿A qué vienes?

    Crees que vienes a fundar el mundo. Sí, crees que pueblas, que caes fértil , Fruta seca , flor finita, qué engendras, ¿te nacen, das a luz?

    La tierra madre ya no eres el tiempo

    De siembra murió en tus surcos no brotan Subterráneas napas, no, no hay

    Cuencas para acogerte,

    Crecerás asexuada,

    Huera sin vínculo

    Tus ojos vaciados

    Tu cuerpo de trapo

    Que poco te ves mirándome.

    Que equívocos inventas mirándote

    ¡Ay!

    Y no sabes a lo que vienes. Sí, te miro a la cara.

    Tú, engendras. Tú, pares. A ti te nacen, y ¿qué quieres? Qué esperas negándolo, negándote.

    Deambulas sonámbula en tu cuerpo esquivas

    las flores que se te dan, ¡eres!

    ¡existes!

    Amamantas mientras miras mentiras me dices te dices

    y mamas malévola mis ojos.

    ¿Amamanto? preñada no estoy, Tú miras malévola mi rostro.

    Sí, en la plaza te dejan junto a otras

    te exponen

    caminas un paso y otro, un paso y otro, uno y otro por los costados de la subasta. Nadie espera tu movimiento de cabeza. Aprendes en un abrir y cerrar de pestañas

    que da lo mismo, que cierto aliño de arrogancia endulzado con una sonrisa basta y claro,

    ya te imaginas distinta, ya empiezas disidente a poquito andar al compás

    de la fusta con prestancia un poco más cada vez y otro poco los contornos

    de tus labios abiertos rojos.

    Ellos, agitan sus garras, emiten gritos

    de manada exaltada, como sabuesos esperan devorarte.

    ¿Son tantos, dime, de verdad oyes sus aullidos?

    ¡Oh! mujer expuesta en la feria de cuerpos

    En los ritos cosméticos en las danzas de fuego. No creo tu cuento de esclavitud. No, no hay plaza ni subasta ni altercados al mejor postor tú te vendes sola a ti misma por propia voluntad de muñeca insustancial.

    Ya aleteaban tus párpados en la oscura bodega a cada ondulación, a cada repique tus pestañas

    aleteaban acunadas en tu caja de agua.

    Pero te ves espléndida, te veo erguida tu cuerpo subastado abraza al niño.

    Sí, y tu cabeza inclinada, beatífica por siempre arrebolada.

    Estás ahí para hacerte mecer, acunar amamantar, para dejarte

    ser llevada, conducir abrazada.

    ¡Ah! Era eso tu cabeza hacia abajo. Ese gesto casi imperceptible siempre el mismo que engaña

    un movimiento, Coro: estás ahí reclinada,

    cada vez más tu cuello torcido

    el mentón y los párpados tumbados cada vez más aplastada mostrando tu cuerpo muñeca coqueta.

    ¿Y por qué tanta confusión entre tú y ella,

    para confundirte y confundirnos en aguas turbias, decir que eres ésta y esa otra no, dejarnos la boca abierta de muñeca perpleja?

    Me envuelves. Te envuelves.

    Centinela de mí de ti de todas vigía acechando una fiera

    que no llevamos temiendo

    ser carne devorada.

    Mira como te devuelves

    en imágenes deslucidas

    cada vez te despojas de un poco y otro poco.

    Mira como te escapas por tu boca de muñeca. Mira como quedas en el blanco no escrito.

    Lo que pasa es que no estás, en los libros, no estás en la mente, ni te sueñas ,ni te ves, no te escriben ,ni te cantan, no te vistes, ni te oyen, no te tocan, ni te sufren, no, no te juegan, no alimentas, no respiras,

    ni te paren, no sangras, no mueres,

    no eres. ¿Qué?

    Buscas que yo esté ahí mirándote, esté ahí oliendo tu no ser ¡no hueles!

    tus manos no transpiran, no hay sudor en tus axilas, no, no hay más que estas palabras que te cuerdan te cuerdan la existencia.

    Pero te escribes, dices. Te escribes

    Precario existir que ya pertenece al olvido.

    ¿Tú crees que te escribes, qué letra eres entonces, qué palabra?

    Esa no eres ésta tampoco.

    No, no hay cercanía que aproxime tu existir

    tu estar ahí.

    Crees que te abrazo cuando crees que te toco.

     

    No,

    Estás ahí ¿Qué hay? ¿Quién eres?

    ¡Me pueblan voces extrañas, mis ojos han huido de mi cara

    Se rehúsan a verme en mi cuerpo

    Mis oídos se niegan a escucharme

    Deambulo sin cara, sin nombre, sin miembros.

    Ya no quedo más yo, me abrazo y me palpo

    Estoy deshecha, quebrada, voy despoblada de mi.

     

    Bibliografía citada y de referencia:

    Joyce James, Retrato del artista adolescente, Editorial RBA, Barcelona: 1995

    Labarca, Amanda, Feminismo contemporáneo, Inciertos horizontes, 1945

    Eisler Riane, El Cáliz y la Espada, Editorial Cuatro Vientos. Santiago: 1995

    Gasman Soledad, Masa Madre, novela inédita. Quebrada Alvarado

    Behaviour Simone, Memorias de una joven formal, autobiografía. Editorial Sudamericana. Buenos Aires: 1967

    Irigaray Luce, Yo, tu, nosotras, Ediciones Cátedra. Madrid, España: 1992

    Solnit Rebecca, Wanderlust Una historia del caminar, Editorial Hueders. Santiago: 2017

    Woolf Virginia, Un cuarto propio, Editorial Cuarto Propio. Santiago: 1993

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